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miércoles, 15 de diciembre de 2010

Jason, el ocupa de enfrente (capitulo 1: cuando lo vio por primera vez)


T
odo comenzó una noche de diciembre. Valeria, como casi todas las noches, subió a la terraza de su casa para tomarse un vasito de Gancia, mirar las estrellas y escribir algunas líneas en su netbook.  Ella vivía en la zona sur del Gran Buenos Aires, en una zona bastante céntrica a pesar de estar un poco alejada. Su única manera de ver un poco de naturaleza era subir a su terraza a la noche para ver el firmamento y disfrutar del aroma de las plantas en macetas desparramadas por todo el techo. Esa noche, estaba con mucha tensión sobre su cuerpo, adquirida luego de una jornada laboral bastante cansadora. No solo por el tiempo que pasaba en su trabajo, sino también por la clase de gente con la que tenía que relacionarse. Sin ninguna otra opción que tener que soportar todo el día las indirectas, el sarcasmo, el mal humor y pocas ganas de vivir el día con algo de ánimo de sus compañeros.
Esa noche, subió a la terraza de su casa con su infaltable vasito de Gancia, su NetBook y un atado de cigarrillos, uno ya encendido en su boca.  Aspiro profundo el aroma de los jazmines. Levanto su cabeza y miro el cielo estrellado. Gracias a dios, pensó. Estuvo un rato largo mirando, hasta que supo que si bajaba la cabeza rápidamente se marearía. Entonces se sentó en su reposera con su máquina en las rodillas y comenzó a escribir. Le gustaba escribir cuentos o novelas cortas, pero la mayoría de las veces terminaba contando lo que había sucedido esa semana en su trabajo. Un hospital tenía muchas cosas que contar. Más de una enfermera como ella.
Sola, sin mascotas. Hija única. Padres viviendo en el interior del país gracias a un premio millonario, que los hizo cambiar su manera de ver las cosas. Su manera de verla a ella. Pocos amigos, pero muy unidos. Catorce horas de su día en el hospital. Un fin de semana cada tantos para estar con sus amigos. Algunas horas de sueño y un par más para poder relajarse y escribir algo. Bajita, morocha de pelo corto. Prepotente, con aptitudes de líder, aun así, una más del montón. Desordenada pero pulcra. En pocas palabras, Valeria. Pero desde ese día, iba a cambiar todo.
Esa noche de luna llena, cuando escribiendo algo sobre su día de trabajo, levantó la vista ante un ruido que la distrajo por un momento,  lo vio enfrente de su casa. Un terreno baldío hasta hace poco. Tarimas y carteles publicitarios ahora. Una figura se separaba del resto del estampado. Una sombra, no pertenecía a los objetos durmientes de esa construcción. Era un hombre.
Parado. Inmóvil. Mirándola fijo.
Ella suspiro. Su corazón latía con mucha fuerza. No podía moverse. Algo en su interior se lo impedía. Quédate quieta. No te muevas, se dijo. ¿Quien sos? Lo sintió tan cerca que hasta la más mínima brisa representaba su aliento soplando detrás de su cuello. Un escalofrío recorrió su cuerpo. Se preguntó que podía estar haciendo un hombre parado en un andamio a esas horas. Lo observo detenidamente, lo poco que podía, ya que con la escasa luz de la construcción dolo veía su silueta. Por momentos parecía balancearse de atrás hacia adelante, a un ritmo constante. Después se detuvo, y se apoyo sobre una madera que ejercía el trabajo de columna. Así estuvo un rato largo, mirando fijamente hacia la terraza de Valeria. Después se sentó de cuclillas y alzó la cabeza al cielo. Valeria lo seguía observándo, se pregunto cuánto tiempo hacia que la observaba a la noche sin que ella se diera cuenta. Encendió otro cigarrillo, sin perder de vista al intruso de enfrente. 
En ese momento el agacho la cabeza y Valeria pudo sentir sus ojos clavados en los de ella. La estaba mirando fijo a los ojos. Sin moverse. Su respiración volvió a incrementarse en ritmo. Estaba sudando.
Parpadeó. Él ya no estaba.


                                                               ...Continuará…













2 comentarios:

tania dijo...

Hola

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Saludos
Tania

SayNoFlog dijo...

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